A beleza da lingua
Homenaje a la palabra en portugués.
Aprendí portugués en un viaje por el Amazonas. Mientras el barco avanzaba por el río barroso, dos nenas de catorce nos enseñaron, a mi hermano y a mí, que teníamos veinte, verbos, sustantivos, palabras, que allá son palavras.
Hasta ese momento hablaba portuñol arañado, intuitivo, desesperado. Sacaba de apuro y daba vergüenza. A la noche, en las hamacas, practicábamos. Y el barco navegaba y, en las orillas, la selva se volvía más misteriosa.
Todavía guardo el cuaderno, escrito a mano con lapicera de tinta: Eu você ele. Louro e preto. Jantarei as oito horas. Abaixo e acima. Nós vocês eles. Eu quero fazer uma ligação a cobrar pra Buenos Aires. Ontem e hoje.
Aprendí portugués de Brasil, más abierto que el de Portugal, como si necesitara toda la boca para expresarse, para decir viagem, para decir ¡Nossa!, para decir saudade. Portugués del nuevo mundo. Para decir para decir floresta y bicho preguiça. Para decir naquela estação y cheia de graça. Portugués brasileiro.
Aprendí portugués escuchando a Cazuza y a Legião Urbana y a Rita Lee y a Adriana Calcanhoto y a Gilberto Gil y a Caetano. Tantas veces repetí Ipiranga e Avenida São João y el otro día estuve ahí, la crucé y canté: Alguna coisa acontece no meu coração.
Pensé en las miles de personas que llegan del interior a São Paulo y en la idea de nación en un país desbordante como la selva, como el trópico. El educador Paulo Freire dijo que la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra. Qué alfabetos leerán esos miles al llegar a la gran ciudad.
Aprendí portugués en un viaje por el Nordeste y en otro por el pantanal y en una travesía en barco por el río Madeira hacia Manaos. No había turistas, había garimpeiros –buscadores de oro– que miraban torcido y apenas hablaban.
La lengua es identidad en movimiento. En el Museo da Lingua Portuguesa creen que el pilar de lo nacional es la comunicación: la lengua como una argamasa que une.
Después de recorrer la muestra de falares de cada región y sotaques –acentos– estuve en un planetario de palabras. Las palabras se proyectaban sobre el techo cóncavo de una sala oscura como estrellas de la constelación humana que tiene el superpoder del habla.
Palabras y frases de Antônio Gonçalves Dias, Machado de Assis, Clarice Lispector y Monteiro Lobato, que escribió esa poesía de que la vida es un parpadeo:
Piscar e abrir é fechar os olhos –e a vida e isso. […] É un dorme e acorda, dorme e acorda até que dorme e não acorda mais. [Parpadear es abrir y cerrar los ojos –y la vida es eso. Un duerme y despierta, duerme y despierta hasta que duerme y no despierta más].
Aprendí el portugués de un país potente, cadencioso y desmesurado, que ama andar en Havaianas y comer coixinhas de frango e catupiry. Aprendí el portugués de la boca abierta: para decir coragem y paisagem. Para decir jeito y jeitinho. Para decir obrigada y tudo bem.
*Las obras son de la artista carioca Beatriz Milhazes que expone en la sede Julio Prestes de la Pinacoteca de São Paulo hasta marzo del 2027.






Lo espero ansiosa
Cuántas anécdotas tenes!!!